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03/01/2013 | MarplaMundo | Por Silvana Trapani
“Olimpia superó todas mis expectativas”
23:42 | El delantero marplatense Kevin Vicente se afincó en Paraguay a mediados de año luego de probar suerte en otras partes del país y del mundo. Hoy, con el placer del trayecto recorrido a su favor, se siente agradecido y se propone nuevas metas: “deseo hacer una buena pretemporada, jugar lindos partidos en Reserva y que el DT de Primera me dé una chance”.
Se lo nota confiado desde el primer momento de la charla, satisfecho por el camino que quedó a sus espaldas y muy convencido de que, aún así, tiene todo por delante. Parece saber que un destino cargado de sueños por cumplir se abre a su paso… Y no duda en desandarlo con sacrificio y fe.

“El 2012 – confiesa – fue el año más importante de mi vida hasta el día de hoy, pues me permitió cumplir un anhelo que tenía desde pequeño: convertirme en jugador profesional”. “Claro que ahora las ilusiones me hacen pensar en un 2013 aún mejor, con alguna oportunidad en Primera”, admite.

Y agrega: “la verdad es que Olimpia es el club más grande de Paraguay y estoy agradecido de formar parte de su historia. Me sentí bárbaro desde el momento en que pisé la institución por primera vez, pues es una entidad muy ordenada y avalada deportivamente por los títulos que tiene: 8 internacionales y 39 locales”.

“Además – remarcó – la gente es muy macanuda, atenta a mis necesidades y muy predispuesta a ayudar”.

La conversación es fluida, interesante en cada ribete, cada arista. Pero aún así permite un alto para revisar el pasado, ese mismo que hoy lo deposita en un lugar de privilegio.

“A los 5 años comencé a jugar baby futbol en Quilmes – comenta Vicente – Luego, en 2003, llegó el momento de que la categoría 1992 pasara a cancha de once, por lo que decidí dar el salto y desembarcar en Kimberley”.

Más adelante, en tanto, cuenta: “estuve en el club hasta diciembre de 2010 y, en ese lapso, fui campeón de muchísimos torneos de inferiores, incluso de certamenes organizados por la Liga Marplatense de Fútbol; en 2009, tuve la fortuna de dar la vuelta con la Quinta y al año siguiente debuté en Primera”. “Fue una etapa inolvidable”, sintetiza.

A colación, consultado respecto de cómo ve el fútbol de nuestro medio a la distancia, el joven atacante analiza: “siempre me mantengo informado, al tanto de lo que sucede en Mar del Plata. Por eso, celebro el ascenso de Alvarado y la mayor cantidad de equipos que jugarán el Torneo del Interior”.

“De todos modos – aclara – creo que hay muchísimo por mejorar; la materia prima es muy buena, pero a veces se desperdicia por diferentes motivos”. “Me parece que corrigiendo algunos aspectos podremos tener una mejor competencia y mayores aspiraciones”, revela.

Con el grabador frente a sus narices, Kevin Vicente se impacienta por contar el tramo más reciente de su historia, transcurrido en poco menos de doce meses.

Y comienza: “en febrero de 2012, arranqué en Atlanta. Hice la pretemporada y una vez que se inició la competencia me tocó debutar con la cuarta división, de titular, en la primera fecha, ante Instituto, en Córdoba”.

“Ya para ese entonces – añade – conocía a Javier Castrilli, que es mi representante junto a Gustavo Di Palma”. “Bueno, en realidad – especifica - la relación que tengo con él va más allá; es un amigo con el que me contacté a través de un conocido de mi papá, que se interesó en mí y que me vio jugar varios partidos antes de establecer el vínculo”.

En idéntico sentido, el futbolista completa: “primero acordamos de palabra porque es una persona muy recta, que me generó una confianza plena; luego, nos distanciamos un tiempo cuando se abocó a la política y hasta que me arrimó la posibilidad de viajar a Paraguay; finalmente, una vez que sellé contrato con Olimpia, también firmé con él”.

Muy rápido, su ductilidad para el diálogo, le permitió darse cuenta que habían quedado cosas por compartir; entonces, sin temores, retrocede: “Castrilli me llamó por teléfono cuando volví de jugar mi primer partido con Atlanta, con la intención de comentar que había surgido la chance de una prueba”.

“Lo primero que hice – repasa – fue comunicarme con el entrenador y los directivos del club para ponerlos al tanto de la situación y, ya con el permiso en mi poder, me fui a Asunción”. “Allí me observaron durante casi dos semanas y afortunadamente la evaluación fue satisfactoria”, asevera.

Aunque así lo parece, su transferencia no fue tan sencilla: “tuve que retornar a Buenos Aires para poder entrenar en Atlanta y no perder ritmo; ellos lo aceptaron con la condición de que yo me bancara no jugar partidos oficiales. Lo permití y en julio me dieron el pase”.

Y continúa: “lógico que lo primero que quería al llegar a Paraguay era jugar. De repente, me encontré como titular de la Reserva y relegando al banco de suplentes a un gran delantero que había sido goleador del último campeonato”.

“Creo que eso me jugó en contra – reconoció Kevin – sobre todo por la transición que demanda llegar a un fútbol diferente”. Según relata, la adaptación le costó un poco. “Quizás debió haber sido más progresiva para poder afianzarme y luego defender mi lugar”, estima.

Respecto de la diferencia, Vicente percibió que “se nota más en lo físico”, aunque describió: “tienen un esquema sin enganche, sin jugadores de buen pie; intentan jugar a uno o dos toques y de una forma muy vertical, por lo que, ante la primera posibilidad que tienen de meter un pelotazo largo, no lo dudan”.

Para resumirlo, el delantero de 20 años afirmó: “se ven muchos centros y muchas pelotas por el aire; hay pocos futbolistas que intentan bajarla y jugar por el piso, algo que quizás es una de las principales características que te inculcan en las inferiores de Buenos Aires”. “Por suerte – prosigue – no soy de esos jugadores que tienen la necesidad de hacer muchos toques y de habilitar a un compañero, sino que, más bien, soy de los que está expectante para pescar algún rebote y convertir”.

Inmediatamente, sus declaraciones nos permitieron descubrir que lo que no costó por un lado lo padeció por el otro. “Es cierto que poseen los mejores centrales de América. Son muy grandotes, rudos y no tienen ni un problema en dejar la vida en cada pelota. Además, se equivocan poco y, tanto de arriba como de abajo, van con la convicción y la confianza de que te van a ganar; es muy difícil enfrentarlos”, explica.

Más allá de las dificultades, Kevin no se deja ganar y agradece a cada instante el período que atraviesa: “sólo tengo palabras de devolución para la gente de Paraguay. A pesar de que ellos se sienten discriminados cuando vienen a la Argentina, no nos pagan con la misma moneda; por eso no sufrimos ni xenofobia ni mucho menos y el trato, en lo cotidiano, es normal”.

En ese sentido, comenta: “estando en Asunción me encontré con otros marplatenses; a Cristian Menéndez lo conocía desde Kimberley y lo vi cuando fui a probarme en marzo, pero después perdí contacto; entonces, apareció Imanol Iriberri, que vive cerca, y me ayudó mucho; es un fenómeno”.

El hecho de hablar de los afectos lo remite directamente a su familia: “por otras etapas de la vida, estoy acostumbrado a estar lejos, pero sigue siendo lo que más cuenta. Estoy seguro de que sin su apoyo nunca hubiese llegado. Mis viejos siempre hicieron hasta lo imposible para que no me faltara nada y fueron los primeros en estar a mi lado para levantarme cuando las cosas no salían bien”.

“Afortunadamente, la comunicación se hace mucho más sencilla con Internet, un medio que nos mantiene relativamente cerca. Aunque debo reconocer que todos los meses vino alguien a visitarme, incluso el día de mi cumpleaños, cuando se apareció hasta Diego Roldán, mi mejor amigo, junto a su padre”, recuerda.

Sus días en la capital paraguaya son tranquilos, lo cual le permite enfocarse en su objetivo inmediato: “resido en la pensión que está dentro de la villa deportiva del club, con lo cual entreno en el mismo lugar donde vivo. Mi jornada incluye dos horas de entrenamiento por la mañana, almuerzo, una siesta a la que todavía no me pude acostumbrar, una hora y media de gimnasio por la tarde, descanso, cena, algo de compu y mucho fútbol y películas por la tele”.

El sueño está tan cerca que Kevin parece tocarlo con las manos… “Olimpia va a jugar el torneo local, la copa paraguaya y la Copa Libertadores, así que tendremos una triple competencia en la primera parte del año, algo que exige un plantel amplio y mucha posibilidad de recambio”, cuenta.

Y completa: “ahora se fue Saturnino Cardozo y firmó Iván Almeida, una gloria del club; ojalá que me vea y me suba a la División Superior”. “Con un entrenador nuevo, prácticamente todos arrancamos de cero; por ende, estaré atento y, si llega la chance, la aprovecharé al máximo”, dispara el marplatense, quien, con un cañón en cada pierna, promete conquistar las tierras guaraníes.