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16/05/2012 | MarplaMundo
Ricitos de Oro
11:16 | El marplatense Sergio Torres no deja de sorprender. A tan solo una temporada de la última escalada en el fútbol inglés, el “Paisa” volvió a sonreír: con gol de su compañero Scott Neilson, el Crowley Town superó por 1 a 0 a Accrington Stanley en un partido decisivo y ascendió a la League 1, es decir, a la tercera división de ese país.
Parece ser que el futbolista se tomó muy en serio la idea de escribir su biografía y decidió seguir protagonizando su propio cuento de hadas. Loco, aventurero y soñador, tres características que le caen muy bien a un personaje forjado en la cantera local, que decidió convertir en realidad la utopía y cruzó las fronteras dispuesto a ir en busca del éxito.

Con tantos logros y experiencias en el bolsillo, resulta curioso repasar su pasado, fundamentalmente ese salto que lo catapultó a la fama y a la enorme satisfacción del anhelo cumplido.

En 2003, el “Paisa” decidió dejar atrás la fábrica de ladrillos donde trabajaba. Con 300 dólares y una valija a cuestas, se subió a un avión, convencido de que era quizás la última oportunidad de convertirse en un jugador profesional.

Sin representante, sin casa, sin club, con mínimos conocimientos del idioma y con la familia y los amigos lejos, se atrevió a hacerle frente a su destino y, de un plumazo, borró la palabra imposible de su diccionario.

Una vez que pisó suelo inglés, Torres fue recibido en el aeropuerto por un camerunés que llevaba un cartel con su nombre. Él lo trasladó a su vivienda, una casa chica donde vivían otros cinco africanos y donde el marplatense tuvo que compartir hasta la cama.

Lo esperaba una prueba en el Brighton, donde las cosas no se dieron como esperaba: lo vieron con poca fuerza y velocidad y le cerraron las puertas, condenándolo a una peripecia interminable que, por suerte, no le quitó las ganas de seguir adelante.

De inmediato buscó otro club, pero la fortuna tampoco lo acompañó y, como si fuera poco, con solo dos meses de residencia, se quedó sin hospedaje y sin dinero por una pelea de convivencia con sus anfitriones.

Así no le quedó otra que acudir a un amigo de la “feliz”, Cristian Levis, quien le consiguió alojamiento y le dio la oportunidad de intentar de nuevo. Desde entonces, el panorama comenzó a aclarar: primero jugó dos meses en la octava para el Molesey y, luego, en mayo de 2004, fue transferido al Basingstoke, de la sexta, en virtud de su buena performance.

En ese lapso, un hincha lo invitó a vivir en su casa, luego de que su flamante mujer (increíblemente) hubiera dado el OK. Más tarde, se mudó a una habitación ubicada debajo de las tribunas donde su club recibía a los directores de los equipos visitantes antes de cada partido. Y también estuvo obligado a trabajar para poder comer, por lo cual alternó los entrenamientos con su empleo en una distribuidora, adonde iba en bicicleta.

Luego, a mediados de 2005, pasó a Wycomb Wanderers, de la cuarta división, y firmó su primer contrato. Con esa camiseta jugó durante tres años y hasta llegó a disputar una semifinal de la Carling Cup contra el Chelsea.

En 2008, lo contrató el Peterborough United. Allí lo dirigió el hermano de Sir Alex Ferguson, logró un ascenso y, además, jugó un amistoso ante el Manchester United, que por ese entonces contaba en sus filas con su ídolo, Carlos Tevez.

Finalmente, llegó la hora de vestir los colores del Crawley Town, equipo con el cual subió de quinta a cuarta y de cuarta a tercera.

Por eso, hoy, después de tanto trajín, disfruta de su estadía en Brighton, al sur de Inglaterra, donde pasa sus días junto a Lena, una joven rusa que desde pequeña se instaló en Alemania y que es la madre de su pequeña hija Luna.