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07/05/2012 | MarplaMundo
“Lo mío con el fútbol es una novela”
20:59 | Imanol Iriberri resumió en una sola frase su relación con la pelota. En una entrevista concedida a un medio paraguayo, el delantero marplatense contó las serias dificultades que amenazaron con dejarlo fuera de carrera en el profesionalismo. Y destacó, con sinceridad, que le debe todo al país vecino.
Luego de marcar un gol para Independiente de Campo Grande en la victoria por 3 a 0 sobre Olimpia en el mítico estadio “Defensores del Chaco”, el Vasquito vive en carne propia lo que otrora era un sueño. Y lo hace al lado de otro argentino que siente muy de cerca el brillo de las luces del éxito: Emanuel Biancucchi, el primo de Lionel Messi.

Por eso, al repasar su historia, no puede apartarse de los malos recuerdos que hoy son sólo una pesadilla sepultada en el pasado y que hacen aún más grande su ímpetu, empeño y dedicación.

Hijo de Luis María y Silvia Mabel y hermano de Joseba, Imanol Iriberri nació el 4 de marzo de 1987 en Mar del Plata. Cuando tenía 5 años recaló en la escuelita de Independiente, donde hizo sus primeros pasos, y luego se incorporó a Aldosivi.

Militando en el “tiburón”, con 19 años, el atacante saltó una valla en un entrenamiento y cayó sobre un palo que le agujeró el glúteo y el intestino, situación que lo obligó a someterse a una colostomía y permanecer inactivo durante mucho tiempo.

Lamentablemente su tragedia no terminó allí, pues, cuando se estaba recuperando, su padre recibió un tiro en el pecho durante un asalto al restaurante de su familia, episodio que también lo marginó de la práctica del fútbol.

Como si esto fuera poco, más adelante, el Vasquito se fisuró la quinta vértebra lumbar en un partido de Aldosivi ante Platense. En ese momento, los médicos le advirtieron que podría tener dificultades para volver a jugar y la depresión fue tan extrema que estuvo a punto de traducirse en un temprano retiro.

Sin embargo, luego de un corto paso por Alvarado, el destino lo enfrentó a una nueva oportunidad y sus ganas de salir adelante pudieron más que las penas de otros tiempos.

Un amigo suyo llamado Carlos Reiteri lo puso en contacto con la dirigencia de Independiente de Campo Grande, club que todavía estaba en la División Intermedia pero que tenía un ambicioso proyecto de gerenciamiento para pegar el salto de calidad.

La intuición lo llevó a aceptar la propuesta y, de allí en más, los éxitos no dejaron de sucederse. “Desde que llegué me siento como en casa; esta institución es mi segunda familia y todo ha sido maravilloso ni bien puse un pie en esta tierra”, sentenció.

La cuestión es que, entre tereré, sopa paraguaya y chipá guasú, Iriberri pasa sus días eternamente agradecido al país que le dio un nombre como futbolista y donde aspira a seguir creciendo.

“Mi sueño es jugar en un club grande de acá – se atreve a confesar – ya sea en Olimpia, Cerro, Libertad, Guaraní o Nacional”.
Asimismo, quien curiosamente se desempeñó como jugador de voleibol de Quilmes en la Liga Nacional de Menores, no duda en reconocerse como hincha de Boca “a muerte” y mucho menos en aceptar su devoción por Martín Palermo.

“Lo admiro mucho por lo que es dentro y fuera de la cancha; creo que es un ejemplo por todo lo que pasó y también por lo que logró”, remarca.

Durante la entrevista, el marplatense se hizo un tiempo para subrayar el apoyo de su novia, la modelo Julieta Monge, quien, según él mismo reconoce, le hace “una marca personal muy fuerte” y lo ayuda “muchísimo”.

Por último, consultado por las cábalas, Iriberri respondió: “uno siempre trata de hacer las mismas cosas cuando le va bien, pero en realidad lo mío pasa por entrar a la cancha y tratar de hacer lo mejor”.

En fin, confesiones de un tipo común que hoy por hoy celebra el fútbol a lo grande…

Fuente: Crónica